El camino del héroe.

“Los cuentos de hadas superan la realidad no porque nos digan que los dragones existen, sino porque nos dicen que pueden ser vencidos”

G.K. Chesterton

Tanto en el lenguaje español como en el inglés a los cuentos maravillosos de origen popular se les denomina Cuentos de Hadas, pero en realidad es un término incorrecto que da lugar a asociaciones equivocadas sobre este tipo de relatos, especialmente entre quienes consideran los cuentos de hadas como “simples” fantasías para niños.

Y es incorrecto porque a decir verdad, en la mayor parte de estas historias las hadas, ni siquiera están presentes. Sí lo están otras características mágico o extraordinarias que son las que los distinguen de otros relatos también de origen popular. Lo correcto es por tanto denominarlos como Cuentos Maravillosos, un tipo de narración cuyo origen es tan antiguo que algunos llegan a situarlo en el Neolítico y que han sido esenciales para el desarrollo de la Humanidad.

En nuestra sociedad actual el cuento de hadas está siendo cada vez más relegado. No se contempla en general el uso del cuento como un medio de aprendizaje, sino exclusivamente como una forma de entretenimiento infantil; y como el ámbito del entretenimiento encuentra cada vez nuevas fórmulas más atractivas para el consumo, se va perdiendo progresivamente no solo el antiguo arte de narrar (oralmente) los cuentos, sino también los propios cuentos de hadas en sí. Bien por que ya no se cuentan cuentos o bien porque al hacerlo la dulcificación de los mismos o los estragos de la corrección política hacen que los cuentos pierdan por completo su esencia y su auténtico significado.

Lo cierto es que los cuentos maravillosos no pueden enseñarnos nada de las cuestiones prácticas y específicas de la sociedad moderna actual, entre otras cosas porque nacieron en un mundo que a penas tiene que ver con el nuestro pero, y he aquí el valor de estas historias, tienen mucho que enseñar sobre los problemas esenciales del ser humano, problemas derivados de la propia existencia y la naturaleza humana que siguen siendo los mismos a día de hoy.  

Herbert Cole

Los cuentos de hadas plantean de una forma breve y muy concisa los problemas existenciales a los cuales se enfrenta el ser humano y a través del uso de un lenguaje simbólico y la presentación de unos personajes que son arquetípicos plantean solución a dichos problemas. Es por ello que no hay nada que enriquezca y satisfaga más a la psique de un adulto “sensible” y también a la de un niño que los cuentos populares de hadas. El mensaje que los cuentos maravillosos transmiten es que la oscuridad, las dificultades son inevitables pero que si en vez de huir nos enfrentamos a dichas dificultades y privaciones, podremos llegar a dominar todos los obstáculos, podremos efectivamente acabar con el dragón. Y este es un mensaje de fuerza que de forma invariable se transmite en todos los cuentos de hadas sin importar la procedencia del mismo.

Como dice Jaqueline Kelen en su obra “El sentido espiritual de los cuentos de hadas”:  “Para volverse un verdadero hombre, el héroe del relato debe dejar su casa, el sótano, los lugares subterráneos donde se le confina, donde se le retiene con las cadenas de la dulzura o el miedo. Va a viajar, a visitar países, no solo los terrenales, sino y sobre todo los mundos innumerables exteriores e interiores que poco a poco se despiertan y se revelan en el secreto del corazón. Un día es suficiente, un hermoso día, abrir la puerta de la jaula y ponerse en camino, lo maravilloso comienza, es la historia sin igual de aquél que, a través de pruebas y encuentros, se encamina hacia su verdadera realeza, es la historia de su alma que accede a la vida eterna”

Carl von Binzer (German painter, 1824 – 1902)

Los cuentos de hadas invitan por tanto a madurar a través de un camino que mucho tiene que ver con un viaje iniciático;  invitan a desarrollar el coraje y a enfrentarse a cualquier dificultad que se plantee por horrible que esta sea. Contienen un mensaje de esperanza que el hombre ha sabido contarse y transmitir de generación en generación desde tiempos muy remotos.

Cuando se embellecen o se simplifican las historias, el cuento deja de ser revelador y se convierte en algo vacío de significado que simplemente entretiene.

“Los cuentos de hadas proporcionaban unos conocimientos profundos que han sostenido a la humanidad a través de los siglos.”  (Bruno Bettelheim)

Un conocimiento que como rezaba en la inscripción del templo de Apolo en Delfos  siempre ha invitado a lo mismo “conócete a ti mismo” y en este gran viaje de conocerse uno mismo a través de nuestra propia vida mucho tienen que enseñarnos los cuentos de hadas a través de sus símbolos y el desarrollo de una estructura universal que habla precisamente, de este viaje. 

Cuando investigadores como Vladimir Propp a través del estudio del cuento folklórico o Joseph Cambpell con el análisis del mito estudiaron los relatos tradicionales llegaron a conclusiones similares. Todos los cuentos son el mismo cuento, o todos los héroes son el mismo héroe. 

Que todas las narraciones de origen popular tengan un patrón común no es una simple cuestión narrativa para construir una historia; es más bien la manifestación de un camino arquetípico que como humanos hemos de recorrer. La estructura del cuento desarrollada por Vladimir Propp o el viaje del héroe de Joseph Cambpell relacionan una serie de etapas muy definidas que comparten todos estos relatos, y que nos invitan finalmente a abandonar los límites de nuestra propia existencia.

La vida es un camino, una gran aventura y nosotros somos los protagonistas. Es el viaje del héroe que tras una pérdida, una situación injusta, una privación o un acontecimiento desfavorable se ve encomendado a abandonar su hogar, y tras una primera reticencia emprende un camino en el que atravesando una serie dificultades y pruebas logrará el ansiado final feliz que no es otro que un estadio superior de su propia persona. Un camino iniciático de superación y desarrollo. 


Warwick Goble

Este es el valor fundamental de los cuentos de hadas y el motivo esencial por el que no deberían dejar de contarse tanto a niños como adultos. El cuento de hadas ha vivido en la tradición oral de cientos de generaciones transmitiendo y conservando un saber ancestral. Un saber que sigue latiendo entre sus palabras y que no ha perdido su capacidad para alentar los corazones humanos.

En un mundo como el nuestro cada vez más tecnológico, racional y materialista el ser humano está igual de necesitado de este saber, sino más, que aquellos hombres antiguos que contemplaban la Naturaleza que les rodeaba con temor y esperanza. 

Necesitamos como entonces, como siempre, un camino que nos enseñe a ser héroes de nuestra propia vida. 

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